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lunes, 27 de agosto de 2012

Valerio Trujano, el yugo de la discriminación



 Marginados por vecinos cuicatecos, chinantecos, mazatecos y nahuas…

“Ya no somos esclavos, pero seguimos jodidos y marginados”, indican
OCTAVIO VÉLEZ ASCENCIO/Fotos: MARIO JIMÉNEZ LEYVA, Enviados
26 Ago 2012 - 23:39

Valerio Trujano, Cuicatlán, Oax.- Ya no están amarrados con grilletes ni son azotados por sus amos, pero los negros o afrodescendientes de esta municipalidad de la región de la Cañada, padecen aún lastimosamente la discriminación y la pobreza.

Es la huella del sufrimiento, la opresión y esclavitud que vivieron sus antepasados traídos de África para trabajar en el trapiche de azúcar “San Nicolás”, establecido por los acaudalados españoles de apellido Güendulaín, en el año de 1861 dentro de su hacienda.

El yugo de la Corona Española se mantuvo casi 200 años hasta que fueron liberados en 1812 por el coronel Valerio Trujano, originario de Tepecoacuilco, Guerrero ---descendiente de los primeros esclavos llegados a México---, quien se había sumado a la Guerra de Independencia con José María Morelos y Pavón.
Los esclavos negros, quienes según estudios de investigadores llegaron del África subsahariana occidental, sobre todo del grupo lingüístico bantú de los hoy territorios del Camerún, Congo y Angola, se quedaron en la hacienda y con el paso de los años se hicieron de posesiones, especialmente después del reparto agrario de la Revolución.

“Pues si, ya no somos esclavos, pero seguimos jodidos y discriminados”, afirma doña Petra Aguirre Urrutia, de 72 años de edad, integrante de una de las familias más características y grandes de afrodescendientes.
Los más de 200 afrodescendientes o “morenos” como aquí se les llama, pertenecen a una clase pobre y con pocas oportunidades de desarrollo, pero también paradójicamente discriminada por sus vecinos, indígenas cuicatecos, chinantecos, mazatecos y nahuas, y por alguno que otro mestizo, descendiente de aquellos españoles que acompañaron a los Güendulaín en su aventura novohispana.

ÁSPERA EXCLUSIÓN

“Nuestros abuelos se quedaron en estas tierras, pero no ha cambiado mucho. Ahora somos campesinos, pero seguimos en la pobreza, no hay mucho para comer y vivir. Por acá o cuando vamos a Cuicatlán, todavía nos discriminan por el color, nos dicen ‘ahí va esa negra’ y no se que más, pero el indígena está igual de jodido”, asienta.

Cuando tenía 14 años de edad, se despidió de su madre doña Tranquila Urrutia Roque un día de 1954 y se marchó a la Ciudad de México, para buscar trabajo ante la pobreza en el pueblo.
“Me fui, me tuve que ir; salí a sufrir para poder hacer algo como todos los mexicanos, aunque seamos de diferente color. Necesita uno salir y arañar porque nadie nos van a hacer caso. El indígena, también necesita salir a sufrir para valorizar a la persona”, refiere.

En el Distrito Federal, se empleó en fábricas y fue ahí donde sintió la discriminación más áspera y cruel porque sus compañeros de trabajo no creían que en Oaxaca y en México hubiera negros.
“Me preguntaban ‘oye, ¿de dónde eres?’ ¿a poco hay negros en México? ¿visten con taparrabos? y otras cosas. Y les tenía que responder que era de Oaxaca, que habían negros, chinos, indígenas, mestizos y de todo. Incluso, una mujer blanca que fue mi jefa me quería correr del trabajo; una vez preguntó ‘¿por qué metieron a trabajar a esta pinche negra aquí?’ y le contesté ‘mire jefa, si el papá que la hizo a usted güera, me hubiera hecho a mi también, entonces fuera como usted’. Así me dejó de molestar y me gané el respeto de ella y de mis compañeras”, evoca.

Durante 42 años, trabajó en las fábricas Dacrolan Textil, Tirolesa, Lanco, Moldeados Plástico, Plástico Aro y Prometo. Ahí, se embarazó y dio a luz a su único hijo. Se jubiló en 1996, pero determinó regresar a Valerio Trujano, para volver con su madre.

“Ya pensionada de la fábrica, me dije ‘me voy de aquí, a disfrutar con mi mamá el tiempo que me quede y aquí estoy otra vez con los míos, con los negros. Mi hijo, se quedó en el Distrito Federal, pero lo veo casi cada mes cuando voy allá”, añade.

Aunque la discriminación aún la persigue porque en algunas ocasiones ha sido confundida como migrante centroamericana por policías federales o militares en los retenes y sujeta de tratos humillantes y revisiones exhaustivas, por el color de piel.

“Iba a la Ciudad de México en un autobús; mi compañero de viaje era como yo, pero creo que era de Panamá. Al llegar a un retén, los soldados nos bajan a los dos; a él lo revisaron y le preguntaron varias cosas, y ya no lo dejaron subir al autobús. Entonces, siguieron conmigo y me preguntaron de dónde era; les dije ‘soy de Valerio Trujano, allá también hay negros’, supongo que alguien sabía de eso y me dejaron seguir. Pero, lamentablemente se fijan en uno solamente por el color”, anota.
“Ya nos acostumbramos”

Si bien, la discriminación aún persiste en algunos indígenas y mestizos de esta municipalidad y en Cuicatlán, los afrodescendientes se han habituado a la diferenciación que hacen de ellos por su color.
“Ya nos acostumbramos a esto; cuando era joven nos decían muchas cosas, pero ya pasó, ya se me olvidó. Aunque si alguien me quiere fregar, les miento la madre, yo soy muy grosera. Si me dicen ‘pinche negra’, les contestó pues ‘chingas a tu madre porque a lo mejor tu madre está más negra que yo. Y no saben que lo negro es lo más dulce, ja, ja, ja, ja”: Doña María Luisa Urrutia Astilleros, otra afrodescendiente, de 62 años de edad, conocida como Güicha.

“Sufrieron mucho los abuelos”

De piel rugosa y cabellos blancos por los 100 años a cuestas, Doña Tranquilina Urrutia Roque, como si no hubiera pasado el tiempo, aún atesora la memoria aquellos relatos de los abuelos sobre las vejaciones que sufrieron los primeros esclavos en la hacienda de los Güendulaín.

“Es bonito y triste a la vez; la hacienda tiene mucho que decir. Quienes ahí trabajaban pasaron por muchas cosas, sufrieron mucho los abuelos. Se sembraba caña para un trapiche donde salía el azúcar y el piloncillo. Les hacían trabajar mucho pero nunca les daban ni un quinto porque tenían una tienda de raya. Ahí, se compraban la comida y las telas, nunca les pagaban con dinero”, señala.

También, está en su retentiva la batalla que libró la familia Aguirre por la tierra al participar en el reparto agrario posrevolucionario.

“Los Aguirre viejos lucharon mucho para que pudiéramos contar con terrenos porque no teníamos nada. Antes iban a trabajar y ni un quinto les daban. Se hizo bastante para que pudiéramos tener siquiera un pedazo de tierra y poder sembrar para comer”, asienta.

Doña Tranquilina, es de sobra conocida por su longevidad, por ser una de las mejores cocineras del mole negro de guajolote, elaborado con chile chihuacle, característico del pueblo, pero también por su gran prole debido a sus nueve hijos, 19 nietos, 30 bisnietos y dos tataranietos.

El orgullo de ser negro

Lo que si distingue a todos los afrodescendientes de esta municipalidad es su orgullo de ser negro o de piel oscura, de cabello enroscado y nariz chata.

“Nos han puesto varios nombres, pero que mejor si nos dicen negros, no me importa; al contrario me siento orgullosa de mi color, no reniego de mi raza. Cuando salgo del pueblo, a veces dicen ‘mira, ahí va una negra’, pero no importa, sé que mis antepasados los trajeron aquí como esclavos, a fregarse en la hacienda, pero porque eran más fuertes. Aunque todos somos seres humanos y no se nos deben tratar diferente porque nuestro color sea otro”:

Elvira Hernández Urrutia, 50 años de edad.
“Son ignorantes”
“No porque seamos morenos ya somos menos, todos somos iguales. A veces nos dicen por ahí ‘ay negra esto, ay negro el otro’, donde quiera discriminan, pero a mi no me ofende; desgraciadamente quienes lo dicen son ignorantes porque no conocen la historia de este país”; Sugey Hernández Urrutia, de 31 años de edad.
Pueblo “cosmopolita”
En Valerio Trujano no solamente conviven indígenas cuicatecos sino también mestizos ---sucesores de aquellos españoles que llegaron junto a los Güendulaín---, “morenos” y hasta descendientes de los chinos, traídos también como esclavos a la hacienda para sembrar arroz.
Todos, se integraron en el pasado como comunidad y así se puede ver a un afrodescendiente subido en un burro en su camino al campo, donde siembra maíz, frijol, papaya y chile o a un niño descendiente de chino jugando con un indígena cuicateco.

La diversidad permite encontrar a mestizos apellidados Cubero, Allende, Sáez y de la Lastra, así como afrodescendientes Urrutia, Quitzamán, Astilleros o Aguirre y a descendientes de chinos Chiu, Chong o Laug.
La huella de los afrodescendientes, aparece también en el templo católico con las imágenes del santo patrón “Jesús de Nazaret” con una totalidad oscura y de San Martín de Porres, santo patrono de la justicia social.
En el pueblo aún existe parte de la hacienda y el trapiche de los Güendulaín, así como un acueducto por donde se surtían de agua.

Los negros en México

De acuerdo con investigaciones, los primeros esclavos negros llegaron a la Nueva España en 1528, aunque en 1570 ya había 20 mil 569 africanos y dos 437 mulatos (hijos de los negros con los habitantes locales).
Por su superioridad física, se destinaban al duro trabajo de las minas, donde sufrían explotación y maltrato peores que los que recibían los animales.

Para identificarlos les marcaban el rostro o la espalda con hierros calientes, no les daban una alimentación adecuada ni cuidados médicos.

Para el comienzo de la Independencia en 1810, había 10 mil negros y 624 mil 461 mulatos que conformaban el diez por ciento de la población.
Algunos de ellos apoyaron la lucha de Miguel Hidalgo, como José María Morelos, Vicente Guerrero, Valerio Trujano, Juan Álvarez y Mariano Tabares.

Valerio Trujano

Valerio Trujano, nació en Tepecoacuilco, Guerrero, el 19 de mayo de 1767 y murió el 7 de octubre de 1812 en Huajuapan de León. Participó en la Guerra de Independencia destacando en 1812 cuando se apoderó de un cargamento de fusiles destinado para las tropas realistas que iba de Veracruz a Oaxaca.

Trujano, en uno de sus viajes conoció a José María Morelos, cura de Carácuaro. Al estallar el movimiento independentista, en septiembre de 1810, Trujano se unió a Morelos en octubre, y lo acompañó hasta Acapulco. Tras la fallida acción militar de El Veladero, Trujano marchó a Huajuapan, donde resistió el sitio de 111 días, el más largo durante la independencia con menos de 500 hombres.

Después del triunfo en Cuautla, Morelos acudió a auxiliarlo. También lo comisionó para que levantara más gente en La Mixteca, por ser un paso estratégico para tomar la capital del estado. Derrotó a las tropas realistas al organizar el batallón de San Lorenzo.

En el rancho de la Virgen, localidad ubicada entre Tepeaca y Tlacotepec, enfrentó con solo cien hombres a una fuerza de cuatrocientos realistas comandadas por Samaniego. Durante la retirada su hijo cayó preso, Valerio Trujano regresó para intentar salvarlo pero murió el 7 de octubre de 1812.

Del edén a la esclavitud

Valerio Trujano, se encuentra en la región de la Cañada, a 120 kilómetros aproximadamente de la ciudad de Oaxaca.
La población se dedica mayoritariamente a la agricultura y ganadería, así como a la pesca en el Río Grande, formado por los ríos Apoala y Tomellín, que desemboca en el Río Papaloapan.
Hoy en día un viaje de Oaxaca a Tijuana, alrededor de 3 mil 300 km en automóvil implica 36 horas de camino, en auto; un hipotético viaje a algún rincón de la costa oeste africana es 4 veces esa distancia, solo que en los siglos XVI, XVII o XVIII se realizaba en galerones, en las peores condiciones y se extendía por meses

De África a Veracruz

De acuerdo a investigadores, los ancestros africanos de los habitantes del rincón negro de la Cañada oaxaqueña fueron traídos por los españoles de al menos 4 puntos de África, el viaje hoy en día implicaría más o menos estos kilómetros

12 mil kilómetros hay entre Camerún y Veracruz, México
12 mil 380 kilómetros entre Luanda, Angola y Veracruz, México
12 mil 409 km entre Kinshasa, Congo y Veracruz, México
8 mil 350 km de Dakar, Senegal a Veracruz
398 km Ruta Veracruz, Córdoba, Orizaba, Tehuacán, Valerio Trujano
13 mil kilómetros recorrieron, en el mejor de los casos, los ancestros de los habitantes de Valerio Trujano, hechos esclavos por los españoles
4 veces la distancia entre Oaxaca y Tijuana

1 comentario:

  1. ojala y se termine la descriminacion entrre indigenas y morenos en todo nuestro Mexico.Yo soy moreno de la Costa Chica paz por el amor de Dios.Amen

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