Loading...

lunes, 21 de febrero de 2011

Coyolillo, un rincón de África en Veracruz



Actopan, Veracruz.-
Ubicado a sólo 38 kilómetros de Xalapa, Coyolillo es una pequeña congregación que pertenece al municipio de Actopan. Su nombre se debe a que en la antigüedad existieron palmas de coyol real en abundancia.


Los primeros habitantes de la actual población posiblemente fueron esclavos de origen africano liberados del Trapiche de Nuestra Señora del Rosario, de la hacienda de Almolonga o tal vez de la misma Santa Rosa. Gilberto Bermúdez Gorrochotegui, en su libro La formación de las haciendas en Xalapa 1580-1630, destaca que Joseph Ceballos y Vurgos, heredero del trapiche de Nuestra Señora de la Concepción, edificó el trapiche de Nuestra Señora del Rosario (a mediados del siglo XVII, muy cerca de Coyolillo); aunque no hay mención de la presencia de esclavos en este trapiche, pero siendo del mismo dueño de la Concepción, donde sí había, es seguro que también introdujo esclavos al nuevo trapiche.

Fernando Windfiel Capitaine, en su compilación Esclavos en el archivo notarial de Xalapa destaca las ventas, intercambios y herencias que fueron realizadas con los esclavos y esclavas de todas edades.

Desde el siglo XVII los trabajadores de origen africano estuvieron ligados a la hacienda de San Miguel de Almolonga, primero como esclavos y luego como asalariados, sin embargo su condición fue casi la misma, pues eran forzados a trabajar según la necesidad de los dueños de la hacienda, especialmente en los años 20 bajo el sistema de caciques y pistoleros. En años recientes todavía llamaban patrón al dueño de Almolonga o al último dueño de Santa Rosa, aun cuando ya se había efectuado el reparto agrario y los coyoleños contaban con sus parcelas ejidales.

A la Nueva España llegaron esclavos de Guinea, Congo, Costa de Marfil, Cabo Verde, Burkina Fasso, Somalia, Mali y otros reinos. Las características físicas de los pobladores nos dan una pista de las regiones de las que vinieron sus ancestros, predominan caras de rasgos finos y cuerpos esbeltos que nos hacen suponer su origen en los pueblos del norte de África, y en menor número encontramos personas con semejanzas a gente de África central.

La razón por la que sus pobladores conservaron sus características de origen fue el rechazo social de la gente de las comunidades vecinas, eminentemente de origen europeo, personas blancas, rubias y de ojos claros. Pero como buenos trabajadores, los coyoleños siempre fueron y son muy apreciados. Otra causa fue la prohibición de las autoridades coloniales de que los negros vivieran junto con los indígenas. Hasta principios del siglo 20 ocurrieron los primeros matrimonios entre descendientes de esclavos y fuereños.

Del contacto con los pobladores indígenas de Chicuasen aprendieron el cultivo del maíz y del frijol; la ganadería era parte de sus propias costumbres, pues muchos pueblos africanos basan su economía y situación social en el ganado.

En la actualidad, los habitantes de Coyolillo han diversificado sus actividades y muchos destacan por su progreso en la educación, la agricultura o el comercio, la artesanía y los servicios. Desde luego, la migración laboral a la capital del Estado y a Estados Unidos no ha sido ajena a esta comunidad, y varios jóvenes y adultos se encuentran en Chicago, Nueva York, Texas y otros estados del país vecino, destacando en el trabajo y en el deporte. Y hablando de educación, es apenas en décadas muy recientes que existe la educación secundaria y de pocos años el bachillerato, sin embargo con el apoyo familiar y el empeño propio, varios coyoleños estudiaron en otras comunidades años atrás.

El lado positivo de la migración laboral se refleja en el cambio de las casas, pues las chozas de ramada o las casitas de piedra han sido sustituidas por construcciones de tabique cocido y ligero, pero la mayoría conserva el toque estético africano, no obstante que muchas están inspiradas en las mansiones estadounidenses.

Entre las diversas costumbres de antaño conservan el consumo de plátano muy verde, (como en África central) y el gusto por la carne de cerdo. Adoptaron en su cocina la elaboración de chiles rellenos, los frijoles refritos y las tortillas, desde luego con la sazón especial de sus antecesores.

Como en algunas culturas africanas, son muy religiosos y por inercia se convirtieron al catolicismo; celebran con gran fervor la Semana Santa, la Santa Cruz y honran a su patrono San Isidro Labrador. No obstante, conservan de sus más profundas raíces africanas el culto a los animales que les sirvieron de alimento, y lo manifiestan abiertamente cuando celebran, sin falta y con entusiasmo, el Martes de Carnaval, el cual se llevará a cabo este año del 6 al 13 de marzo.

El carnaval de Coyolillo es sin grandes gastos en adornos y carros alegóricos, pero la enorme alegría, el ritmo y la gente especial de este lugar contagian e invitan a participar con ellos en el desfile y los bailes.
El traje tradicional consiste en un ropón de retazos, que ellos llaman vestido y una capa larga con flecos, también de retazos; un gorro manufacturado con flores de papel y como elemento principal una máscara de madera simulando un toro, un venado o un carnero; no falta quien porte una máscara de burro u otro animal, pero destacan las máscaras de animales cornudos.

La danza original ha desaparecido, pero las correrías de los “disfrazados” semejan el Gule Guamkulu de Mozambique, Mali y Zambia. En esos países hay un baile tradicional con fines didácticos en que los adultos, portando máscaras de animales cornudos que representan a los tratantes de esclavos y a los vicios, persiguen a las mujeres y asustan a los niños. Es la manera como pretenden enseñar a los adolescentes algunas normas de moral y de esta manera integrarlos a la vida como adultos.

En Coyolillo, los niños participan con gusto en esta tradición desde días previos al Martes de Carnaval. Aunque las mujeres desde hace muchos años ya disfrutaban de la alegría y los bailes, actualmente organizan grupos o comparsas para ejecutar coreografías e incluirse en el recorrido por las calles del pueblo, y algunas se atreven a llevar disfraz.

Los primeros carnavales eran realizados bajo una enramada y rodeados por un “corral” participaban los hombres como “disfrazados”, algunos sólo se embarraban el cuerpo con ceniza o tizne de los fogones y comales domésticos. La música era ejecutada con “marimbol”, sonajas y cencerros. Años después, ya en el siglo 19, festejaban en una explanada junto a la Casa Grande y se hacían acompañar por músicos de otras poblaciones: Providencia, Trapiche, Tepetlán, Xalapa y varias más, quienes ejecutaban sones con violines, guitarras y, a veces, acordeones.

Algunas poblaciones vecinas también festejan su Carnaval y Coyolillo tiene alguna relación con ellas, aunque no siempre semejanzas. Almolonga, Alto Lucero y Chicuasen han compartido la presencia de danzantes de Coyolillo y viceversa. No obstante, el traje de Chicuasen es muy diferente al de las otras poblaciones y las máscaras representan rostros europeos, curiosamente la gente llama negros a los participantes de este carnaval aunque sus máscaras son de gente blanca.

Algunos juegos, palabras y costumbres fúnebres también relacionan a Coyolillo con los pueblos de África y pueden servir de pistas en el origen de sus habitantes; pero no olvidemos que los esclavos eran mezclados en las diversas etapas del viaje y en los mercados, generando un intercambio de palabras, costumbres y creencias, por lo que las características antropomórficas son el mejor indicio para determinar el origen de los coyoleños, especialmente mediante los rasgos genéticos recesivos.

Los coyoleños continúan ligados a las actividades agrícolas y sobreviven con cultivos de autoconsumo, como el frijol y el maíz; les ayuda un poco el mango de la localidad y en años anteriores vendían café en grano. Varias mujeres se ayudan apartando hoja de maíz para venderla en Xalapa, trabajando en el corte de jitomate o deshojando plantas de chayote en los cultivos regionales.

Quienes tienen habilidad para tallar máscaras y otros objetos, comercian con sus obras, que a veces son por encargo, por lo que la venta queda asegurada.
Vale la pena que visite esta población, especialmente en Martes de Carnaval y/o el 15 de mayo, en la fiesta patronal de San Isidro Labrador. Disfrutará la hospitalidad de su gente y de platillos muy especiales. Viva la tradición y recorra con los disfrazados y las comparsas las calles del pueblo, compartiendo ese entusiasmo especial de la gente negra. Del 6 al 13 de marzo, Coyolillo le espera con los brazos abiertos. Fuente: http://www.hoyveracruz.com.mx/notas/5452/Coyolillo-un-rincon-de-%C3%81frica-en-Veracruz.html


Descendientes de esclavos traídos de África para trabajar en la hacienda cañera de Almolonga, los habitantes de este pueblo fundado por libertos –antiguamente llamado Santa Rosa de Coyolillo– celebran un carnaval único en Veracruz.

Con máscaras de animales hechas de madera, capas, tocados multicolores y campanas rústicas, decenas de niños y adultos afromestizos corrieron ayer por las polvosas calles de Coyolillo para celebrar, como sus ancestros, la liberación y la dicha de estar vivos.

Al llegar a las casas preguntan: “¿Qué tienes, comadrita?”, y la anfitriona ofrece chiles rellenos de picadillo, tortas de calabaza y plátano dulce, monedas o aguardiente.

Según las escasas referencias existentes, Coyolillo se fundó a principios del siglo XVII. Sus ancianos, entre ellos Sotero Carranza y Genaro López, cuentan historias transmitidas por generaciones, que relatan que el carnaval comenzó pocos años después de que nació el pueblo.

La fiesta era poco conocida y apreciada en Veracruz, pero comenzó a despertar interés y desde hace cinco años la promueven las autoridades estatales y el ayuntamiento de Actopan, municipio al que pertenece este poblado de más de 2 mil habitantes, dedicados principalmente a la siembra de maíz, mango, café y tomate.

Mientras aumenta su fama nacional, los coyolenses se familiarizan con el creciente turismo extranjero, que acude el primer martes y el último día del carnaval, que fue este domingo.

A los visitantes les admira que se regale comida, tradición que, según los lugareños, data de hace más de dos siglos.

“La comida es para compartirse”, dice Margarita Pérez, quien ofrece junto con Eufemia Carreto patas de cerdo capeadas y tortillas hechas en fogón de leña.

En Coyolillo todos entran y salen como en su casa, invitados al otro festejo: el de las mujeres en sus modestas cocinas, ricas en olores y sabores.

Octavio López Zaragoza es artesano y desde hace décadas, al igual que su padre y abuelo, es uno de los “disfrazados” –como les dicen aquí– o “negro”, como los llaman en otros pueblos. No ignora el progreso ni pasa con indiferencia por la cibertiendita, pero cree más importante fundar una casa de cultura y recibir apoyo oficial para la hechura de las máscaras, a fin de preservar la tradición.

http://www.jornada.unam.mx/2009/03/02/index.php?section=estados&article=034n1est

2 comentarios:

  1. me gustaria saber el nombre de quien escribio este articulo para darle los creditos correspondientes en mi trabajo de investigacion, su articulo me fue de mucha ayuda

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante la información. Increible que viviendo cerca de la región no conocía de esta riqueza cultural. Saludos amigos del Coyolillo.

    ResponderEliminar