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sábado, 10 de septiembre de 2011

Yanga: el rostro africano de Veracruz




POR ISMAEL FLORES

Para muchos de nosotros la presencia africana en nuestro país se limita a la estación de metro Etopía, las tiras cómicas de Memín Pinguín, el animal print del inmobiliario “teibolero” y los asoleados empleados del zoológico Africam Safari. Fuera de esas referencias inútiles, el continente africano nos es remoto (por no decir ajeno), y todo gracias —una vez más— a la acción de nuestra Historia Oficial © que para efectos prácticos funciona más como amnesia que como memoria colectiva; en vez de darnos a beber las aguas del Mnemosine nos ahoga en el Leteo, haciéndonos olvidar a un hombre que, mucho antes del levantamiento de Independencia, peleó hasta la muerte en su búsqueda por la libertad. Ni más ni menos que el Príncipe Gaspar Yanga, líder de una intensa rebelión de esclavos africanos durante la Colonia y fundador de “El pueblo Libre de San Lorenzo de los Negros”, hoy municipio de Yanga, en el Estado de Veracruz.

Tras la derrota de los pueblos prehispánicos y la fundación de las primeras ciudades novohispanas (construidas básicamente con mano de obra indígena), la Corona Española comenzó a importar esclavos capturados en África para dedicarlos a las tareas más pesadas, como la siembra y cosecha de caña; labores donde la población originaria de América —aquella que no había sido diezmada en la lucha o por las enfermedades traídas por los españoles— se había mostrado súmamente débil, tanto por las dificultades propias del trabajo como por las condiciones climáticas. Amparados por una lectura literal de la Ética nicomaquea, los esclavos africanos se consideraban bienes materiales de sus dueños, similares al ganado: seres vivos no-humanos al servicio (en todos los sentidos, incluido el sexual) de las castas superiores: “españoles peninsulares”, “criollos” e, incluso “mestizos” adinerados (hijos naturales —bastardos— de españoles, por ejemplo). Gaspar Yanga, de quien se dice que hubiera sido príncipe de no haber sido capturado, llegó a México por el puerto de Veracruz, proveniente de la región de “Brang”, espacio que ocupa la actual Guinea, y donde gobernaba la familia real de Gabón.

Convencido de su derecho a la libertad, inherente a todo ser humano, Gaspar Yanga inició un movimiento libertario de negros cimarrones, esclavos que escapaban de las haciendas para vivir en las cimas de la sierra (de ahí el nombre) y que se mantenían del saqueo a caravanas comerciales y granjas de la región. La fecha que se marca como el inicio de su lucha es 1537, a la cual poco a poco se fueron adhiriendo otros esclavos prófugos hasta fundar una pequeña villa que pasó del robo a la cría avícola y la agricultura. Sin embargo, en la región predominaban las leyendas de ataques de negros cimarrones a la población local, caracterizados en esos relatos como seres violentos y agresivos por las condiciones en que vivían. Sin mencionar que su existencia era un delito, pues al ser objetos pertenecientes a los hacendados, su fuga se interpretaba como un robo, una sustracción de bienes ilegal, por lo que eran violentamente perseguidos y sanguinariamente castigados.

El gobierno de la Nueva España, encabezado por el Virrey Juan Antonio de Mendoza, comenzó una ofensiva contra esta colonia de esclavos liberados, atacándola con un ejercito formado por indígenas, mercenarios, esclavos africanos y una pequeña porción de militares. Aunque las luches fueron constantes y las bajas en ambos bandos numerosas, la estrategia militar de Gaspar Yanga y su compañero Francisco de la Matosa les terminó por dar la victoria al obligar a la Corona a entablar diálogos para llegar a un acuerdo. En 1630 se declaró a San Lorenzo de los Negros como la primera colonia de esclavos liberados siempre y cuando no aumentaran su número a través de ayudar a la fuga de otros africanos y abandonaran las prácticas delictivas.

Con el paso del tiempo, la población comenzó a unirse a la indígena y española de la región, diluyéndose su estampa en el fenotipo que hoy rige a la región jarocha del país. Sin embargo, su presencia aún es visible en el Munipio de Yanga, donde cada 10 de agosto se celebra el Carnaval de la negritud en el marco de las fiestas patronales de San Lorenzo. En dicho carnaval se relata la historia del pueblo a través de bailes y carros alegóricos, donde dirigentes de naciones como Etiopía y República de Merfil han participado como muestra de hermandad entre el continente africano y nuestra nación.

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